La cueva de la Virgen de Lourdes (II)

Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: La cueva de la Virgen de Lourdes (II)

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Bernadette Soubirous, la niña a la que se le apareció la Virgen de la Inmaculada Concepción encontró un chorrito de agua que más tarde sería la fuente principal del sitio y el agua posee propiedades curativas que la ciencia no puede explicar. Así lo publicó José Flores Muñoz.

Diversas fuentes coinciden en que Bernardette afirmó haber presenciado dieciocho apariciones marianas en 1858 en la cueva Massabielle cercana a Lourdes, Francia. Los milagros sucesivos le confirieron fama mundial al momento de su muerte. Ella fue una pastora, mística y religiosa francesa canonizada por la iglesia católica en 1933. Su cuerpo permanece incorrupto en Nevers, Francia. De los muchos milagros que se han generado en Lourdes hay uno que recopiló Flores Muñoz y que se presenta a continuación. 

A una señora de religión estrictamente bautista, una amiga le recomendó llevar a Lourdes a su hijo Colin, quien padecía una severa leucemia. A pesar de ser escéptica, llevó a su hijo al santuario. Antes de irse, una joven doctora le dijo: “Tu hijo está verdaderamente enfermo, no esperes mucho”. 

Finalmente llegaron a la cueva y vieron muchas muletas dejadas ahí por los inválidos que fueron curados. También observaron a los peregrinos, muchos de ellos enfermos o moribundos, que iban a bañarse en las milagrosas aguas que Bernadette descubrió como un chorrito. Casi todos eran acompañados por sacerdotes, monjas e incluso obispos, pero la mujer y su hijo fueron solos y ella se preguntaba cómo debería rezarle a la Virgen.

Cuando llegó a la cueva se hincó y dijo “María..., de madre a madre, por favor, no dejes que Dios se lleve a mi hijo, así como el tuyo se fue”.No fueron muchas las oraciones que hizo, pero fue lo mejor que pudo hacer. Una monja que estaba escuchando a su lado le dijo “Lleva a tu hijo al agua y báñalo en ella”. Así que sumergió a Colin en el agua fría de la fuente y después regresaron a su hotel.

Poco después su hijo empezó a mostrar cambios; sus ojos, de ser opacos empezaron a brillar, el color de la piel también fue mejorando. El niño empezó a preguntar y ha tener interés por todo lo que sucedía a su alrededor. Sus pequeñas y delgadas piernas empezaron a mostrar una sorprendente fortaleza; hubo una noche que corrió para cenar. Comió mucho y de todo con normalidad cuando que, en meses  anteriores, lo poco que comía lo vomitaba.

Cuando la señora y su hijo fueron a ver los resultados de los nuevos análisis, la doctora le dijo que no había señal de leucemia en Colín. El niño estaba totalmente curado.

Desde entonces, la madre vivió mil veces agradecida a la Virgen de Lourdes  por la compasión y misericordia que tuvo... de madre a madre. 

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