Salvando el fuego

Conferencia sobre la lluvia, columna de Enrique Vera: Salvando el fuego

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En el año 2013, el escritor Juan Villoro publicó “Conferencia sobre la lluvia”, un monólogo teatral protagonizado por un bibliotecario que reflexiona sobre las precipitaciones (interesante término para referirse a la lluvia, precipitaciones) para así poder explicar sus faltas y sinsabores.

Mucho se ha escrito en la literatura sobre la lluvia. Cualquier malqueriente ha citado alguna vez aquella frase de Julio Cortázar sobre la imprevisibilidad del amor: “Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto”. Sí, las mismas frases manidas de siempre.

Octavio Paz escribió: “Óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída”. Armando Manzanero escribió un clásico de la canción mexicana: “Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú”.

En la mitología griega, particularmente en el mito de Orfeo y Eurídice, el río representa un símbolo central de transición; una barrera insuperable entre el dolor humano y la aceptación del destino.

En el cine de Alfonso Cuarón, el agua es un elemento fundamental en el desarrollo de sus tramas. Los protagonistas de Y tu mamá también terminan en una playa; el personaje de Sandra Bullock en Gravity hace un aterrizaje forzoso con las manos sobre la arena mojada de una playa; Cleo en Roma hace su catarsis en una playa de Tabasco. Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow rozan sus labios en un bebedero en una bellísima escena de Great Expectations.

La lluvia, el río, el agua. Juan Villoro, un gran formulador de sentencias breves, decía que en México se aprendía geografía por medio del horror: Acteal, Ayotzinapa.

Con la lluvia del pasado viernes en Mérida no cabe duda de que, si quieres conocer una ciudad, espera a que comience a llover. Una vez más quedó demostrado que la ciudad está rebasada.

El problema de Mérida no es la lluvia ni el agua, ni la luz. Es todo junto. Es un problema estructural debido a la pésima planeación urbana de las últimas décadas, donde se ha privilegiado el lucro y el negocio inmobiliario a costa de lo público.

Esperemos que no se busquen culpables en la ciudadanía. Si ha llegado más gente a la ciudad, ¿por qué no han aumentado la plantilla de servicios públicos del ayuntamiento?

Porque mientras en Mérida faltan servicios públicos, en Miami se hacen grandes negocios. ¿Por qué a las ultraderechas de todo el mundo les gusta tanto Miami? No creo que sea el sol, debe ser la carga fiscal.

Sigue lloviendo.

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