Renovar el amor

Reflexiones espirituales, columna de Roberto Díaz y Díaz: Renovar el amor

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“Una buena palabra existe gracias a una boca. Un gesto suave, gracias a unas manos.  Una mirada llena de amor, gracias a unos ojos. Tu cuerpo puede ser portador de dulzura y de ternura. Tu cuerpo irradia cariño. Tu cuerpo: un instrumento para el amor”. Qué bellos conceptos de Phill Bosmans. Hoy podríamos preguntarnos si estamos generando en nuestro entorno amor u odio, ánimo o destrucción.

“El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. Es claro San Juan en esta sentencia y más conciso al decirte que si amas a Dios que no ves y no amas a tu hermano que ves eres un hipócrita. Pues el amor que no se manifiesta en obras son palabras huecas.

Cristo te pide hoy que seas portador de su amor con tu prójimo, que lo manifiestes en tu familia, con tus enemigos, que hagas efectivo tu perdón y no sólo seas fariseo: rezas en el templo y destruyes a tu hermano.

Cristo es siempre fiel con su amor, que es claro, transparente y eterno. ¿Tú lo amas hoy?  Si contestas en afirmativo, eso lo debes de manifestar en tu prójimo y tratar de renovar tu amor todos los días, pues amor que no se renueva va en decadencia.

¿En tu matrimonio actualizas tu amor? ¿Sigue siendo tu esposa la novia o la has convertido en tu criada?  No hay que olvidar que el matrimonio se nutre de amor, que lo mantiene unido y vivo, pues si no hay renuncia personal no es amor, sino egoísmo.  Ese amor que nos juramos hace años, hay que alimentarlo día a día con pequeños detalles, cosas que parecen insignificantes, como ver juntos una puesta de sol, caminar tomados de la mano, darle un beso en el momento menos pensado; eso hace que la rutina no arruine nuestro amor de pareja.  Pues el amor que no se riega con detalles cotidianos se va extinguiendo en el olvido.

Hoy Cristo te dice: ¿Sabes cuál es tu vocación?  La santidad de vida. Y santidad es luchar por cumplir la voluntad de Dios. Es luchar día a día en mantener tu fe en lo que crees y sientes, es aceptar la voluntad de Dios.

No hay que olvidar que santo “no es el que de ordinario hace cosas extraordinarias, sino el que hace las cosas extraordinarias de lo ordinario”. ¡Es estar en lucha todos los días!

Por eso nuestra vida hay que vivirla con amor, ser generador de amor y ser el amor encarnado de Cristo para darlo a nuestro prójimo. Así como Cristo dio su vida por amor, nosotros no debemos de ser como Cristo, sino ser otro Cristo y dar sin esperar recibir, amar sin condicionar nuestro amor y perdonar sin exigir el perdón.

Nuestro matrimonio siempre funcionará bien si Cristo es nuestro padrino, el amigo, el consejero, el generador de amor que da vida. Y nuestra madrina debe de ser la Virgen María, que es amor, bondad y ternura.

Es claro Juan Pablo II cuando dice: “Sólo es feliz aquel que cada día renueva su amor ante Cristo”.

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